
La escuela como refugio
Hay lugares donde dar una clase significa mucho más que enseñar a leer, escribir o resolver un problema. Significa crear un espacio seguro en medio de la incertidumbre.
En las comunidades atravesadas por guerras y desplazamientos, miles de docentes enseñan todos los días aunque falten libros, útiles o aulas adecuadas. Y muchas veces, ellos mismos también fueron forzados a huir.
En 2025, solo el 66% de los niños y niñas refugiados y solicitantes de asilo en edad de asistir a la escuela primaria estaban escolarizados, frente al 71% del año anterior. La falta de recursos, las escuelas sobrecargadas y distintas barreras administrativas siguen dejando a millones de chicos fuera del aula.
Hasina tiene 11 años y vive en el campamento de refugiados de Nyarugusu, en Tanzania. Su familia huyó de la violencia en República Democrática del Congo. Ella nació como refugiada, perdió a su mamá y hoy vive con su abuela.
Todos los días va a la escuela y cuando piensa en su futuro, tiene muy claro qué quiere ser: maestra.
"Quiero enseñarles a niños como yo para ayudarlos a perseguir sus sueños."
Quizás no sea casualidad: los maestros que hoy acompañan a Hasina son también refugiados congoleños. Personas que después de haber tenido que dejar su propio hogar, siguen entrando cada día a un aula para que una nueva generación pueda imaginar un futuro diferente.
Para un niño o una niña que fue forzado a huir, ir a la escuela es también una forma de protección.
En este Día del Maestro, queremos homenajear a quienes enseñan allí donde hacerlo parece imposible. A quienes convierten un aula con pocos recursos en un lugar donde una chica como Hasina puede mirar a su maestra y pensar: "algún día, yo quiero estar ahí".
Desde $2.900 por mes vos podés ayudar a que más aulas como la de Hasina siga
n abiertas